Ondatrópica no es música fusión – Una entrevista con Mario Galeano

Baile Bucanero, Ondatrópica

Ondatrópica, el súpergrupo de la música folclórica colombiana liderado por Mario Galeano de Frente Cumbiero y Los Pirañas, y el DJ y productor inglés Will Holland (conocido sobre todo por su nombre artístico, Quantic), volvió la semana pasada con el lanzamiento de su segundo disco: Baile bucanero.

Para su primer disco (también llamado Ondatrópica, lanzado hace cinco años) Galeano y Holland se propusieron encontrar a las estrellas pasadas por alto de los discos de la música tropical colombiana de la costa Caribe grabados durante el auge del vinilo en la industria discográfica y reclutarlos para tocar, grabar y girar con ellos. El resultado fue uno de los discos más nostálgicos y bailables que había visto la escena musical colombiana en mucho tiempo.

En Baile bucanero, Ondatrópica buscó repetir la fórmula, pero adentrándose aún más en el Caribe colombiano al investigar, visitar y reinterpretar la música de Providencia, una isla (parte del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina) cerca a la costa de Nicaragua pero parte de Colombia donde el cruce de caminos de la música tropical es más que evidente.

Hablamos con Galeano sobre el nuevo disco, Providencia y la relación de esta isla con Colombia.

Stereotheque: ¿Cuál fue la idea detrás de Baile bucanero?

Mario Galeano: Nosotros queríamos abordar unos nuevos conceptos diferentes a los que abordamos en el primer disco, que estuvo muy enfocado en el sonido colombiano clásico de las décadas de 1950 y 1960 y que fue grabado en Medellín, donde están todos los estudios de la industria musical colombiana de ese entonces. Este segundo disco pretendía acercarse al mismo tema tropicalista pero desde otro ángulo. Principalmente queríamos ver cómo la música del Caribe maneja un código mucho más profundo que el que está impuesto a través de las colonias y, si bien hay un Caribe inglés, un Caribe francés, un Caribe español, esas músicas comparten una cantidad de códigos que las unen de forma muy profunda. Queríamos aprovechar el caso de Providencia, que es una isla colombiana en la que se habla inglés y está en la mitad de ese dilema, digámoslo así. Queríamos grabar en la isla, aprovechando un estudio que montaron, ir allá, llevar a señores del interior y compartir con los músicos de Providencia. Es un estudio de grabación bastante profesional en una isla en la que hay uno dos mil músicos, eso es un lujo increíble. Es una cosa que no existe en ningún lado. Ellos tienen estudio todo el tiempo funcionando, tienen ingenieros, tienen un teatro, hay una movida ahí interesante.

 

ST: ¿Cómo fue el acercamiento que tuvieron a la música y a los músicos de Providencia? ¿Cómo los recibieron allá?

MG: Fue un proyecto que se fue cocinando de a poquito. Fuimos conociendo a los músicos de Providencia antes de ir, en gran parte a través de Elkin Robinson, que es una de las figuras que ha sobresalido de la isla, y también a través del estudio que armó el Ministerio de Cultura en Providencia. Ellos fueron un link muy importante para acercarnos a los músicos y poder invitarlos al estudio y a que compartieran con nosotros y tuviéramos ese intercambio, que era muy importante. Más allá de contratar a algún músico para tocar, se trataba de encontrar una lengua franca para poder tocar en el estudio, grabar algo y que se diera esa comunicación.

 

ST: ¿Grabaron todo el disco en Providencia?

MG: Grabamos también en Bogotá, unos cuatro días, porque ir a Providencia es carísimo, los hoteles, los transportes, la comida… todo es muy, muy costoso. Había una cantidad de músicos que estaban aquí en Bogotá, con los que también queríamos grabar y no nos daba el presupuesto para llevarlos a la isla. Así que a Bogotá trajimos a músicos como a Justo Valdez de Son Palenque, o a “Tomate”, el pianista de Fruko y sus Tesos. Otros músicos estaban aquí en Bogotá, en particular los amigos de de Los Pirañas y de Frente Cumbiero. Por eso también en Bogotá aprovechamos para hacer unas sesiones.

 

ST: ¿Cuáles fueron los códigos de la música del Caribe que vieron que se comparten entre las varias islas?

MG: Hay varias cosas, por ejemplo, es interesante el puente que se hace entre Panamá y el Pacífico, es decir, la conexión del Caribe con el Pacífico, a través de Panamá. Panamá, por tener esas dos costas, igual que nosotros, ha compartido el mismo tamborito, el mismo bullerengue y también ha sido uno de los epicentros fuertes del calipso en el Caribe. En los años de las décadas de 1910 y 1920, cuando estaban construyendo el Canal de Panamá, llegaron muchísimos trabajadores de Trinidad y Tobago. Esa gente llevó su calipso y dejó asentada esa corriente. Luego se ve que en Panamá y en Córdoba [en la costa Caribe colombiana, cerca a Panamá] le meten una especie de guitarra medio acalipsada a las cumbias. Por ese lado la cogimos. También por otro lado, el calipso es básicamente el equivalente al son cubano, una especie de matriz de la cual se sacaron una gran cantidad de cosas. Se comparten muchos instrumentos en el calipso y en el son, por ejemplo las claves. La clave aparece en el calipso con la misma predominancia que en el son y hay un viaje muy similar entre los dos. Lo que pasa es que cada país fue armando su identidad aparte y, si bien las músicas de Cuba y de Jamaica, o las músicas de Trinidad y Cuba dialogaban mucho en los años de las décadas de 1920 o 1930, más tarde, para la década de 1960, cada uno abrió su rancho aparte y no se volvieron a hablar. Básicamente, quisimos acercarnos a esos diálogos y mostrarlos a través de la música: cómo se pueden aplicar y cómo todavía son las mismas corrientes que tomaron rumbos diferentes.

 

ST: ¿Y por qué se dejaron de hablar esas músicas?

MG: Porque las industrias musicales de los países se fueron creciendo más, fueron sacando más discos, fueron creciendo más las escenas locales. Ya no había necesidad tanto de nutrirse de las músicas de afuera. Por ejemplo, en décadas anteriores, en 1940 o 1950s, en una discoteca, tú necesitarías tener música de todas estas partes para tener una paleta variada. Luego, ya cuando se comienza a producir localmente mucho, ya no hace falta tanto estar pendiente de qué es lo que hace el vecino, porque se hace mucho en la casa y ahí se empieza a crear esa desconexión. No tanto desde los melómanos, pero sí desde el mainstream de la radio comercial, de lo que se muestra en las películas.

 

ST: ¿Ha habido alguna conversación así entre la música de Providencia y la del resto de Colombia?

MG: Sí, claro. Digamos, es interesante ver cómo en Providencia hay un gusto por el vallenato. No se escucha el porro, la champeta tampoco se escucha mucho, pero el vallenato sí. Por otro lado, se tocaban mucho el pasillo y algunos bambucos. Se tocaban con instrumentos de la isla, como la mandolina y etcétera, tratando de hacer ese puente con lo que sería ese gobierno central colombiano. Tocaban pasillos para intentar pertenecer de alguna forma a Colombia. Pero tú sabes que el gobierno nacional ha tenido el muy evidente desinterés de lo que pasa en Providencia. Así que ellos han seguido en su independencia y sienten mucha afinidad con las Islas Caimán, que es de donde principalmente vienen todos los abuelos y bisabuelos de la isla. También tienen mucha más afinidad con la costa de Nicaragua, con los Garifuna, con Jamaica, que con Colombia.

 

ST: ¿Para hacer este disco, ustedes investigaron todo esto antes de ponerse a tocar, o lo fueron encontrando?

MG: En realidad es algo que llevamos mucho tiempo descubriendo. William y yo somos coleccionistas de discos y eso nos lleva a estar siempre escuchando música diferente. Pero también a mí me ha interesado mucho el aspecto histórico de cómo se ha movido socialmente la música. Esto viene de libros, de viajes, de discos, de toda la investigación que se da alrededor de esto. El fundamento del grupo, o del proyecto, va más allá de hacer música por hacer música, tiene toda una serie de bases conceptuales y de investigación, que luego las traducimos en hacer canciones. No es aleatorio habernos acercado a eso. De todas formas son apenas algunas cosas las que resaltamos. Nuestro aporte es más bien un aporte estético, hacer música y no un libro sobre el tema. También queríamos crear una mirada fresca de este  diálogo de sonidos, teniendo mucho cuidado de no caer en la fusión. Las músicas latinoamericanas y el asunto de su ancestro afro, su ancestro indígena, su ancestro europeo, se presta mucho para caer dentro del mundo de las fusiones, que es ponerle un poquito de rap, ponerle un poquito de drum ‘n bass, ponerle un poquito de reggae, ponerle un acordeón de vallenato o de cumbia y sale, para volverlo más popular en el mercado. Tratamos de esquivar ese concepto de la fusión, no lo abordamos como fusión, si bien hay muchos elementos dispares adentro. Era más importante buscar un ancestro, ese punto de encuentro más hacia atrás y no tan hacia lo de ahorita.

 

ST: ¿Y cómo lo definirías entonces, si no es fusión?

MG: De pronto es difícil de definir con un nombre, pero por el lado de lo musical, tratábamos que no nos cogiera el viaje de fusión a la hora de producir los temas. Intentamos no caer en esos puntos que se escuchan mucho en la radio y en este tipo de proyectos. Eso fue lo que intentamos. Ya está en el oído de la persona que lo escucha de decir si está bien o no. Desde el primer disco, siempre hemos tenido mucho cuidado con el tema de la producción. No queremos caer en el uso exclusivo de herramientas digitales, la mayoría de los discos que se graban hoy en día empiezan a tener una coloración muy similar. Así que, a través del uso de micrófonos de época, el uso de equipos análogos de reverberación, de delay, queremos crear unas atmósferas más relacionadas con los sonidos de antes. Eso por supuesto viene también de la mano de lo que escuchamos en nuestros discos. Básicamente nuestra discografía favorita es la de las décadas de 1960 a 1980, entonces ese sonido es algo que a lo que buscamos aferrarnos e intentar poner de nuevo sobre la mesa, porque tiene una calidad y una profundidad diferente a la grabación digital.

 

ST: ¿Así que, tanto con la música que están haciendo, como con la producción que hacen, quieren resaltar esa música colombiana de hace un tiempo?

MG: Sí, ¿por qué no? Creo que eso es algo que vale la pena ver, porque en Colombia hay una desconexión muy seria con el repertorio discográfico. La gente no tiene un culto a la discografía, no sabe quién grabó qué, no sabe más allá de un par de canciones famosas de Joe Arroyo, pero no sabe que Joe Arroyo, por decir algo, grabó 35 discos y cuál es el orden de esos discos, cuál es el orden de las canciones. Entonces en el entorno de la discografía colombiana creo que sí vale la pena que, a través de proyectos como estos, en los que estamos tocando con señores como Michi Sarmiento, como Marquitos Micolta, que tienen unas discografías muy grandes, la gente se enganche y quiera de pronto ir a visitar lo discográfico y aprenda de la mano de eso cómo sonaban los discos antes, cuál era el nombre del sello disquero que sacó ese disco hace 40 años y aprenda de eso también que existían otros estilos musicales que hoy en día ya no se escuchan. Yo creo que es un tema de apropiación a muchos niveles. Una cosa es lo musical propiamente, pero eso es solamente es una parte del rompecabezas. Nosotros quisiéramos que este proyecto acercara a gente nueva, jóvenes, a entender un poco más esa historia y cuál es el rol dentro de la historia. Porque uno necesita saber la historia para luego darse cuenta de qué forma puede participar en esa cosa que ya ha pasado y de que uno pueda dejar su grano de arena para ir construyendo esa historia hacia el futuro. Nos gusta mucho la música vieja y nos gustan los músicos viejos, pero además nos gusta la forma de la que se escuchaba y se consumía la música antes, en la que no había todo este inmediatismo, del último single y de cuál es la última cosa.

 

ST: ¿Crees que con el primer disco que hicieron lograron un poco eso, que la gente se interesara más por la discografía y por la historia discográfica?

MG: Definitivamente creo que sí influyó mucho, afortunadamente, en cierto parche y en cierta gente que ya por lo menos ve a estos señores, que los reconoce y los quiere y los idolatra como debería uno idolatrar a un bluesero cucho, o a cualquier jazzero importante. Definitivamente eso se logró. Ahora con este segundo disco, esperamos que gente pueda acercarse a la música del Caribe y a la de Providencia. Simplemente es un disco más de Ondatrópica y uno más dentro de la cadena. Uno en lo que esperamos sea una cadena de proyectos que se aproximen desde el ángulo más tradicionalista del asunto. Los otros proyectos que llevamos, Quantic con sus proyectos solistas y yo con Frente Cumbiero y con Los Pirañas, son cosas que ya se adentran mucho más en territorio nuevo.

 

ST: ¿Las canciones de este disco son originales?

MG: Este disco nuevo trae 15 canciones, de las cuales hay unas de Quantic, otras mías, dos de Michi Sarmiento, una de Marquitos Micolta y otra de Nidia Góngora. Pero hay una canción que estaba inédita. Es una canción que se llama “Bogotá”, que Michi Sarmiento hizo hace unos 45 años, pero nunca la grabó. Es la primera vez que la grabamos. Él la tenía en la cabeza, pero nunca la habían montado, ni la había grabado.

 

ST: Cuando estuvieron en Providencia, ¿cómo vieron la relación de la gente de allá con el resto de Colombia?

MG: Hay bastante recelo hacia la gente del interior, la verdad. Hay mucho proteccionismo sobre la isla, ellos no están muy de acuerdo con que la gente vaya a comprar lotes allá, o con que se hagan hoteles y ese tipo de cosas. Sin embargo, sí hay una cosa de, no sé, resignación, de saberse colombianos ya, y a ellos sí les interesa saber qué es lo que pasa en Colombia con la música, cuáles son los discos, cuáles son los grupos. También hay que decir que en los últimos cinco años ha habido todo un impulso muy grande para traer la industria musical de San Andrés y Providencia al interior. Entonces están haciendo una serie de ferias de música donde están trayendo a muchos músicos de San Andrés y Providencia a tocar a Bogotá y a Cali. Ellos ya se sienten que en realidad ese es su sitio natural, donde de pronto pueden desarrollar sus proyectos, ir a hacer unos toques a Medellín, ir a hacer unos toques a Bogotá, ir a Cartagena.

 

ST: ¿Ustedes piensan hacer conciertos con estos músicos de Providencia?

MG: Sí, la idea es hacer primero una gira de DJs en estos meses de abril y mayo y para julio, agosto sí vamos a tener una banda ya tocando, pero la banda es con máximo dos o de pronto un músico de Providencia y los otros músicos son los otros músicos que grabaron. La gente que trajimos de Cali, la gente que trajimos de Bogotá. Bueno, William que es inglés. Entonces los músicos de Providencia serían un saborcito más dentro de la orquesta.

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