Entrevista con Andrés Gualdrón sobre Magallanes, la religión, la descolonización y recolonización de su música

Dos años después del lanzamiento del último disco de su banda Animales Blancos, el músico bogotano Andrés Gualdrón vuelve, pero ahora con un nuevo nombre, Magallanes, y un proyecto solitario, electrónico e instrumental, “Fátima”.

Gualdrón ya no está detrás de una batería y un micrófono, como ha sido usual en sus conciertos de los últimos años, sino junto a un computador y un drum pad con los que ha explorado sonidos atmosféricos, religiosos y trascendentales.

Nos sentamos a hablar de su nuevo disco, la trayectoria que lo llevó hasta su sonido y las relaciones de poder musical que se encontró en el recorrido.

 

Stereotheque: ¿De qué se trata el proyecto Magallanes?

Andrés Gualdrón: La historia de este disco es curiosa porque no parte de una intención muy racional. Yo estaba terminando mi tesis de maestría en musicología y venía tocando con los Animales Blancos. Habíamos tenido un momento chévere entre 2012 y 2014, pero durante el 2015 nos vimos en aprietos con varias cosas. Cambiamos a los integrantes y fue como volver a empezar. Intentamos hacer un par de cosas que no salieron. Musicalmente, estaba sintiendo que necesitaba una válvula de escape y un regreso a una cosa más personal, a un disco producido de una manera completamente individual. No era una cuestión de ego, sino una cuestión de reencuentro con uno mismo.

El primer disco que yo saqué con los Animales era una cosa muy personal también. Luego nos volvimos una banda, sacamos dos discos ya como banda, pero yo me había quedado picado con la experiencia de hacer las cosas de una manera más personal y decidí volver a intentarlo. Estaba terminando la maestría que era sobre champeta [un género de la costa Caribe colombiana que mezcla varias influencias africanas], había estado oyendo champeta todo el año, súper metido tanto en la champeta, como en la música africana y dije: “bueno, voy a cumplir este deseo de hacer algo muy personal, voy a hacer un disco como productor y quiero que sea un disco bailable, que tenga elementos africanos, champetúos, experimentales”. Quería reunir todas las cosas que estaban sonando en mi cabeza, un disco bien caliente.  Hice un par de tracks y había algo que no cuajaba.

Por esa época también comencé a escuchar a otros músicos que, por la manera en la que graban la música, en la que la masterizan, y por la sonoridad vieja guardia que tienen sus discos, me influenciaron mucho. Uno de ellos es un bajista gringo que se llama Thundercat, otro es Mac Demarco. Es un man chévere, carismático. Hace discos bonitos y compone buenas canciones. Entonces, entre otras cosas en esa época estaba sonando toda esta onda vaporwave. Yo venía también comprando discos y oyendo cosas de muzak [el tipo de música ambiental que suena en algunas tiendas, salas de espera y ascensores], cosas ambientales, cosas tipo Melodía Stéreo [una emisora bogotana de música instrumental]. Un buen día, sin ninguna pretensión, escribí una canción ya no tanto buscando el calor y buscando lo bailable, sino buscando una cosa más melódica, totalmente instrumental. Me puse a jugar un poquito con esto de envejecer digitalmente el sonido, que no estoy diciendo que sea algo nuevo, porque hay mucha gente hoy en día experimentando con eso, pero era algo que quería aprender a hacer también.

Así que con este programa de grabación que yo uso, que se llama Live, y con otra serie de cosas, otra serie de sintetizadores viejos, de efectos que había ido consiguiendo, con este primer track que sentí que algo estaba pasando y que no tenía nada que ver con esas influencias, sino que era una cosa mucho más lírica, mucho más nostálgica, mucho más mental. Esa fue la piedra de toque para todo lo que comenzó a pasar y fue un proceso tremendo, porque en cuestión de seis meses, durante los primeros seis meses de 2016, ya estaban resueltas siete de las ocho canciones que va a tener el disco ahora. Fue una especie de … vómito musical del que ni me di cuenta. Quizás racionalmente no concreté lo que quería porque ya a un nivel más inconsciente tenía un plan trazado y creo que se venía alimentando desde hacía rato de muchas cosas y fluyó de una manera increíble. Es un trabajo al que le tengo mucho cariño por eso. Refleja un momento de conexión musical personal muy chévere.

 

Stereotheque: ¿Por qué le pusiste ‘Magallanes’?

Andrés Gualdrón: Aquí hay un asunto que es contradictorio tanto en el disco como en mi vida. Más en mi vida que en el disco, en realidad. De un tiempo para acá yo he venido pensando mucho en este asunto de la colonización cultural, si se puede llamar de alguna manera. Digamos, referida a la esfera musical y al sector comercial musical más anglo, que es con el cual nacimos, crecimos, por lo menos nosotros los cachacos [bogotanos], porque esto no sucede así tanto en otras ciudades del país, pero para nosotros fue fundamental.

Nosotros escuchábamos rock en inglés, escuchábamos emisoras con grupos de pop y rock anglo. Algunos, como yo, escuchábamos rock en español, mucho rock en español, pero eso era todavía, musicalmente, dentro de una esfera muy norteamericana. Las influencias de esos grupos en español que escuchábamos eran muy norteamericanas. Yo venía peleando con ese asunto, porque soy percusionista, quería aprender otro tipo de percusión, como compositor quería experimentar con otro tipo de ritmos, quería alejarme de la cuestión del rock. Pero, en la medida en que fui pensando más en el asunto, me di cuenta de que no es muy lógico pensar la música de esa manera. No es muy lógico dividir territorialmente las expresiones musicales, empezando porque en latinoamérica se hace rock desde principios de los años 60. Si nos atenemos a ese tipo de evidencia histórica, no podríamos decir que el rock es como tal un género norteamericano o anglo, porque desde muy temprano en sus inicios ya hay gente en nuestro territorio haciendo su propia versión del asunto.

Todas estas son cosas que estoy todavía pensando. Y este disco, que primero quería ser un disco anticolonial, descolonial, terminó siendo el trabajo musical más colonizado que he hecho en toda mi vida. Es un disco de un pop totalmente anglo, influenciado por músicas antiguas y nuevas, dentro de una esfera de lo comercial muy anglo también. No es un disco que aluda a referencias obvias de lo latinoamericano, o de lo tradicional en nuestro continente. No hay cumbias, no hay boleros, hay pocos elementos que se puedan asociar directamente con algo latinoamericano.

Una parte de mí estaba disfrutando enormemente la producción del disco y otra parte estaba un poco conflictuada con ese asunto, porque toda mi vida había tratado de alejarme del rock y de esas influencias que desde la niñez nos marcaron tanto del mundo anglo. Me vi a mí mismo respondiéndome esa pregunta, diciéndome: “hombre, la gente hace música por razones muy diversas y es legítimo también aceptar esas influencias”.

Pero tu pregunta era “¿por qué Magallanes?”. Y el nombre “Magallanes” viene porque Magallanes era un explorador portugués que descubrió partes de nuestro territorio, o digamos cartografió partes de nuestro territorio que no habían sido puestas nunca en un mapa. Si no estoy mal, de pronto estoy mal.

Dio una vuelta en la que se fue desde Portugal, llegó hasta el sur del continente americano, se metió por un estrecho que ahora se conoce como el de Magallanes, siguió por el Océano Pacífico, llegó hasta Filipinas. En Filipinas a Magallanes lo mató una tribu de indígenas, además enfrentó motines y hambrunas y toda clase de cosas terribles en su barco. La embarcación siguió sin él y no sé exactamente si por el Océano Índico, o cómo fue la vuelta, pero retornaron de nuevo a Portugal. Entonces creo que fue el primer viaje completo alrededor del globo que se hizo, o uno de los primeros.

El punto es que este sujeto, que viene de Europa a encontrar tierras ignotas, me hizo pensar en este asunto de la colonización, o del descubrimiento desde el centro cultural y de poder de todo lo que está en las afueras, en la periferia. Pensaba en mí mismo: yo soy un sujeto que fue colonizado y desde mi posición ya estoy hablando como un interlocutor directo con esa cultura colonial. Me pregunto si soy un man que está alienado por el pop y por la TV, porque está música es súper televisiva también. O si soy un man que está hablando directamente en esa conversación que ya es global. Y pues la respuesta no la tengo. Probablemente yo sea un man completamente alienado que perdió su cultura, o probablemente soy una persona que está diciendo algo al mismo nivel de aquellas personas que están en el centro del poder y en el centro donde “se produce la cultura”. Pero lo de Magallanes tiene que ver con eso, con ese viaje desde el centro del poder y hacia afuera y de vuelta hacia el centro del poder.

La música me remite a ese nombre porque siento que tiene algo de esa idea de viajar lejos y que existe en este disco de una forma más poética.

 

Stereotheque: ¿Crees que vayas a hacer más trabajos bajo el nombre de este proyecto?

Andrés Gualdrón: Sí, ya tengo cuatro canciones nuevas. Quiero hacer un disco nuevo que creo que se va a llamar “Islas Atlánticas”, la idea es inventarme un pequeño conjunto de islas que quedan en el Atlántico, que obviamente son ficticias y que cada canción haga referencia a cada una de estas islas. Quiero hacer un mapa que les muestre a todas.

 

Stereotheque:  ¿Por qué este disco se llama “Fátima”?

Andrés Gualdrón: Estábamos ahora hablando de las influencias que tiene el disco. Tiene por un lado esta cosa que es muy pop. Tiene algo que también es muy trascendental, como una revelación. Yo sentía que había algo muy místico en esa música. Y sentía que había una combinación de cosas extrañas. Era una especie de religiosidad medio pop lo que estaba pasando ahí. Y creo que eso tiene que ver con algo que a mí me marcó mucho que es esta serie Evangelion, en específico este asunto que tenían ellos de asumir elementos de lo católico desde el punto de vista del animé.

 

Era un catolicismo hipertecnologizado, un catolicismo futurista, y a mí esa vaina me voló la mente, no sé por qué. Me parece que son dos elementos que juntos son muy extraños. Yo quería a través de la música probar a combinar esos elementos, lo tecnológico, lo futurista y también lo sagrado, lo religioso. Me encontré con esta historia de Fátima que me entregó un montón de imágenes y de ideas muy chéveres.

Por un lado tiene toda esta cuestión tan vigente de las conspiraciones, es una gran conspiración que duró un siglo entero, de cosas que no se revelaban, que la gente hablaba, pero no sabía en realidad, había un secretismo muy brutal entorno a eso. También es una cosa de posverdad, porque se supone que entonces en el pueblo de Fátima sí hubo un milagro y la Virgen se les apareció a cinco mil pobladores y el cielo se movió y el disco solar cambió su trayectoria.

A la vez también están las tres profecías y una de las profecías habla sobre la conversión de los rusos de nuevo a la fe católica, entonces había un elemento político ahí de manipulación también. Me metí en ese rollo y encontré un montón de cosas muy absurdas y muy divertidas y era como la fuente de ideas y de palabras y de imágenes que yo necesitaba para acabar de cerrar el disco. Entonces algunas canciones ya estaban hechas antes de que yo pensara en esto de Fátima y sus nombres aparecieron gracias a conocer más capítulos de esto. Y el disco lo cerré ya pensando en esa idea de Fátima y de que hubiera canciones que hablaran de las tres profecías, que hubiera canciones que hablaran de los personajes que están ahí inmiscuidos en esa historia. Igual es música instrumental, así que “hablar” es en un sentido un poco más oscuro. No es algo que se puede detectar inmediatamente.

 

Stereotheque: ¿Por qué decidiste hacer un disco instrumental?

Andrés Gualdrón: Bueno, eso es algo que tiene que ver con el rol que yo tengo en los Animales Blancos. Yo soy el cantante principal, pero para mí asumir ese rol siempre tuvo algo de problemático. Yo digo que por ahí hasta el año pasado, 2016, aprendí a cantar. Siento que ya la voz me está saliendo de otra forma, ya estoy más tranquilo, la cosa ya no requiere tanto esfuerzo, sucede con mucha más naturalidad. Pero hasta ese momento había sido un asunto más problemático para mí. Como compositor, quería descansar de eso, porque finalmente el canto lo amarra a uno a la palabra y la palabra lo amarra a una expresión unívoca de sentido en muchos casos.

Por eso es que las letras que hecho con los animales son tan absurdas a veces, porque en general yo estaba escapando en mi expresión artística de ese relato, esa expresión directa de sentidos. No quiero decir una cosa en específico, ni adoctrinar a nadie, ni contar una historia, sólo quiero que las palabras se combinen y generen sensaciones. Eso es lo único que realmente me interesa. En aquel momento no sabía si había logrado del todo ese cometido con las letras y también pensé: “bueno, es que no es necesario hacer letras, haga música”.

Ahí apareció esta idea de hacer un disco instrumental y fue un gran descanso de lo vocal. Como eso que le pasa a la gente que dibuja, o hace escultura. Cuando uno se impone una regla, potencia la creatividad de formas insospechadas. Entonces, esa regla de no cantar se decantó en un montón de cosas brutales que había dejado de hacer durante muchos años por estar pendiente de la voz, del canto y de las letras. Y creo que eso tiene mucho que ver con lo que para mí personalmente es el logro de este disco, lo importante que fue en mi vida, porque recordé y aprendí un montón de cosas que había dejado de hacer desde hacía mucho tiempo.

 

Stereotheque: Dices que querías ser más individual al grabar este proyecto ¿también será algo individual cuando toques en vivo?

Bueno, la idea de haber hecho esto era un poco seguir las tendencias de la industria musical actual, que sigue quebradísima. Lo cual es responsable, en buena medida, o así lo analizo yo y lo analizan otras personas, del crecimiento de los DJs y de los actos de una sola persona o dos personas. Siento que yo quería hacer lo mismo: si así están las cosas, no seamos conservadores, hagamos un proyecto de una sola persona.

Tengo amigos que se habían metido en ese rollo y les había ido bien. Yo sentía que yo tenía las capacidades técnicas para hacer un buen proyecto yo mismo, sobre todo de la tecnología musical, de los computadores, que es algo que me gusta. Entonces la idea era montarlo yo solo. Pero, curiosamente, otra vez hubo algo que no me funcionó mucho de hacerlo solo, porque no era propiamente música electrónica de baile, ni hip-hop, ni era un proyecto de electrónica tradicional tampoco, algo que pueda hacer un DJ solo.

Aquí hay algo más, algo incluso bien tradicional en la estructura de la música, no hay tantos loops, no es que yo pueda repetir un ritmo y poner efectos y hacer que la gente se meta en eso, sino que hay algo mucho más, con todo y que es instrumental, de canción. Entonces sentí que le hacía más justicia a la música si alguien más me acompañaba en vivo. Y funcionó a la perfección, ahí destrabé el “live” del proyecto.

Esa persona que me está acompañando ahorita es Juan Pablo Bermúdez, que es un man con el que llevo haciendo música desde hace más de unos 12 años. Es un muy buen músico y muy geek con la tecnología.

Otras personas también me ayudaron. La carátula también fue un proceso bonito. La hicimos con mi novia Daniela y ahí jugamos con la idea de la religiosidad y algo más sintético dentro de lo religioso. Hemos hecho dos videos, un video que hizo Mateo Rudas que tiene muchas imágenes de la colonia, tiene mucho de religioso, de nuevo pensando en este asunto del colonialismo, del catolicismo y cómo lo católico es una cosa brutalmente metida en el ADN latinoamericano, pero es algo foráneo. Pero ahí está la pregunta: ¿qué tan foráneo es después de tantos siglos de que ya es nuestro? También hicimos otro video, que lo dirigió mi amigo Julián Mayorga con su esposa Marta Orozco. Es un video en el cual él sale vestido con un traje azul caminando por Madrid y empieza a alucinar.

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