Reacciones de laboratorio – el disco Resiliente de MULA

Por: Nancy Siderola

Cuando me encontré con el bajista y compositor Santiago Botero para preguntarle por su banda MULA y por el estreno de su nuevo álbum Resiliente (2017), el músico llevaba puesta una camiseta del personaje de ficción Dr. Manhattan, creado por Alan Moore y Dave Gibbons para la miniserie de novelas gráficas Watchmen.

La piel azul del Dr. Manhattan, la figura atómica dibujada en su frente y los ojos en blanco finamente trazados en la ilustración de la camiseta me llamaron la atención. Al preguntarle por el personaje, Botero me contó que se trata de un ser de poderes casi infinitos: tras un accidente en un laboratorio nuclear aprendió a transportarse a voluntad a distancias vastas e inimaginables, sus manos aprendieron a crear y destruir la materia y se rumora que fue capaz también de caminar sobre la superficie del sol.

Resiliente, al igual que el Dr. Manhattan, emergió como una especie de reacción de laboratorio y su sonido sin duda pareciera reflejar los efectos de una explosión nuclear. En Enero de 2016 en los estudios de Audiovisión en Bogotá, los músicos Maria Angélica Valencia (saxofón), Enrique Mendoza (guitarra), Juan Arbaiza (saxofón), Diego Herrera (laptop) y Camilo Bartelsman (batería) se reunieron bajo la dirección de Botero con el propósito de grabar el álbum entero en un solo día.

Sin ensayos previos y con la improvisación como bandera principal, los músicos tocaron sobre una serie de instrucciones (o detonantes, como Botero los denomina), que fueron revelados ese mismo día. “Básicamente la idea tras cada canción consiste en un riff o una serie de notas que llevan una armonía y una melodía implícita. Cada músico de la banda tiene este material específico que se repite y genera ciclos. Las duraciones rítmicas de estos ciclos están abiertas al criterio de cada integrante: así, los músicos por momentos coinciden y por momentos no coinciden. Esto da la sensación constante de que pareciéramos estar tocando juntos y al mismo tiempo desvinculados”.

“Mondo Barbián”, cuarto corte del disco, pareciera ratificar claramente esta idea: cada miembro de la banda, tras un inicio coordinado y en unísono, empieza a transformar lenta y progresivamente la figura que le fue asignada. El resultado final del proceso es una masa de sonido donde la idea inicial está estallada por todos los flancos, como quien explota una lata de pintura en el centro de un cuarto vacío.

Como trabajo discográfico, Resiliente es una especie extraña y no sólo por el hecho de por sí inusual de haber sido producido in situ por sus músicos y grabado completamente en bloque. El álbum tuvo además un momento creativo posterior a la experiencia de Audiovisión: Benjamin Calais, director del bar y sello *matik-matik* e ingeniero de mezcla, seleccionó, reorganizó y transformó los tracks que se desprendieron de la sesión, haciendo de su rol uno fundamental para la estructura misma de cada corte y del álbum en conjunto.

Si bien la idea de los detonantes que describe Botero pudo asumirse mediante sonidos sutiles, espaciosos y pausados, el disco trae consigo una elección deliberada por la estridencia. Las baterías y las guitarras son violentas y sin concesiones; el bajo está enmascarado entre un arsenal de pedales y distorsiones extrañas; los saxofones tocan en registros agudos y por momentos suenan casi asfixiados, haciendo de buena parte de las canciones una mezcla de sonidos inusuales para los estándares de cada instrumento.

En ocasiones, Botero dirigió las improvisaciones al punto de fatigar físicamente a sus músicos, quizás buscando que el ejercicio mismo de la repetición (y el cansancio natural al que conlleva), quedara registrado en el resultado final.

Y, desde luego, no son sólo los músicos quienes pueden quedar aturdidos tras la descarga. Dentro de la carrera de MULA, Resiliente sobresale como el más radical de los álbumes del grupo.

Si en De carga pesada y patada fina (2013) y Sobandero (2015) hay composiciones con melodías de un espíritu casi pop y referencias a géneros conocidos como el rock o la champeta, esta suerte de eclecticismo desaparece por completo en el último trabajo. De acuerdo a Botero, el principal logro del álbum fue haber dejado plasmada una idea musical sólida, dibujada en toda su extensión y llevada hasta sus últimos límites sonoros. El ejercicio de ser consecuente con cada detonante se cumplió, aún cuando en este proceso apareció el riesgo de alienar a parte de la gente que ya seguía a la banda.

Sin embargo, este no parece haber sido el caso. La noche del viernes 8 de Septiembre *matik-matik* estaba abarrotado por un público que presenció el estallido atómico de la banda e hizo headbanging al ritmo irregular de las composiciones de Resiliente. En la noche de lanzamiento del álbum, MULA demostró que se puede ser suficientemente testarudo como para llevar la música a sus expresiones más audaces y suficientemente humilde como para no subestimar a la audiencia, compartiendo con ella el resultado en toda su vasta y profunda estridencia.

Escuchen Resiliente más abajo:

Foto de portada por Nancy Siderola.

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