La gestión colectiva de Elefante en la Habitación

Hace un par de años tuve la oportunidad de viajar con Animales Blancos, uno de mis proyectos musicales, a la ciudad de Buenos Aires para realizar un par de conciertos. En aquel momento conocí por primera vez de cerca la escena musical de una ciudad cuyos músicos había escuchado intensamente desde la adolescencia y que me había ofrecido sonidos vibrantes de procedencias tan distintas como el jazz, el folclor, la música contemporánea, el rock y la música de cantautor.

Mi interés, sin embargo, no estaba en escuchar de nuevo a las “viejas glorias” del país, sino en enterarme un poco sobre la actualidad de sus escenas independientes. Dentro de este panorama, conocí las labores y compartí escenarios con los integrantes del sello de gestión colectiva Elefante en la Habitación. Liderado actualmente por los también músicos María Pien, Nahuel Carfi, David Chorne, Lucila Pivetta y Rodrigo Ruiz Díaz (y con múltiples artistas más vinculados), el proyecto surgió en 2011 por intereses estéticos comunes y la necesidad grupal de navegar por la escena realizando proyectos autogestionados. Aunque sus artistas merodean entre el pop, los sonidos acústicos, el rock e incluso la psicodelia, en sus lanzamientos, producciones y conciertos hay un fuerte acento en la canción, en las líricas profundas y en la expresión meditativa y personal.

Hoy en día las labores de Elefante en la Habitación los ubican como productores y promotores de conciertos, como sello discográfico, como comunicadores de sus creaciones y como gestores de lazos entre sus músicos y los de otras ciudades y países. Al recordar los inicios del proyecto, María Pien afirma: “queríamos crecer, fortalecernos, y sentíamos que eso lo íbamos a poder coordinar y hacer mejor en grupo: mejor juntos que cada uno como un pequeño átomo aislado”.

Al poco tiempo de iniciar decidieron organizar sus propios ciclos de música en vivo y con ello buscar la inclusión de ciertos sonidos que no veían representados del todo en la escena del momento (todo esto, aún bajo la idea de ser un colectivo). “Esto de colectivo es muy lindo porque permite que lo más importante sea el vínculo humano, el aprendizaje en conjunto, que se hagan las cosas con verdadero cariño, por hacerlas y por apoyar”. Dada su vocación de agremiación, los músicos del proyecto constantemente participan en las grabaciones y en las bandas de sus compañeros, funcionando como un soporte musical y material mutuo.

Aunque este espíritu aún permanece, las labores de Elefante en la Habitación con el tiempo fueron especializándose. En este punto aparece el interés de sus miembros no sólo por la organización de eventos en vivo, sino también por registrar en un catálogo sus incursiones musicales bajo la idea de un sello. Y en esta empresa no estaban solos: “apareció entonces un programa de desarrollo del Ministerio de Cultura de la Nación que se llamaba Recalculando. Lo que hacía Recalculando era reconocer una figura nueva que es la del Sello de Gestión Colectiva, es decir un sello que es gestionado por los propios artistas que lo componen. Ellos identificaron este tipo de propuestas a lo largo del país y nosotros entramos a participar de este programa en principio como sello de Buenos Aires”.

La política y las ayudas estatales, sin embargo, pueden ser armas de doble filo. En el contexto de los constantes vaivenes ideológicos de los gobiernos latinoamericanos, era cuestión de tiempo para que esta ayuda que por algún tiempo brindó la nación desapareciera. “A partir del gobierno de Mauricio Macri se recorta el Fondo Argentino de Desarrollo Cultural. Es decir, sigue existiendo, pero ahora sólo sirve para artistas individuales y ya no existe la figura de la gestión colectiva”.

Así mismo, los espacios y las casas culturales de los barrios (auténticos pulmones y espacios de crecimiento para la cultura), no solamente perdieron parte de su apoyo estatal sino que, como pude presenciar durante mi estancia en Buenos Aires, regularmente se convertían en presas de hostigamientos por parte de la policía, peligrando constantemente entre las zonas grises de la reglamentación, en un panorama no muy distinto al de la Bogotá actual. Esta situación afectó a Elefante en la Habitación, que aún hoy en día está ligado a estos lugares para su actividad profesional.

Al respecto, Pien afirma: “es un panorama más áspero en algún sentido, pero la respuesta es que nosotros siempre vamos a poder hacer las cosas porque las hacemos desde otro lugar. Es difícil sostenerlo y conlleva mucho cariño principalmente. Aportamos nuestro grano a ser voces diferentes (…), entonces el hecho de que un panorama no sea alentador fortifica, justamente nos hace ver la importancia de estar unidos y de seguir haciendo lo que queremos hacer. Si no, ya nos ganaron”.

Este espíritu optimista encuentra al sello en un momento especialmente productivo: con más de quince producciones en su catálogo, este año lanzaron, entre otros, los trabajos “Tres poemas” de María Pien (un poderoso mini-ep donde dialogan de forma singular poemas, sonidos e imágenes), “Waiata” del productor y multiinstrumentista Guli (un muy interesante viaje psicodélico entre sintetizadores y tecnologías vintage de grabación) y el primer sencillo en solitario de Rudo (Rodrigo Ruiz Díaz), quien perteneciera a la agrupación Chaucoco! y muestra ahora una faceta más introspectiva bajo una elegante producción electrónica.

 

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