La máquina: Estrategias exitosas del rock colombiano

“Definir el rock hoy es muy diferente a definirlo en la última década del siglo XX” dice El Profe de Radiónica a la hora de preguntarle por la similitudes que existen entre los rockeros colombianos en los noventa y los actuales. Pero al mismo tiempo confiesa que 1990 fue la gran década del rock colombiano y que es en este momento en el cual se está repitiendo esa grandeza.

Aunque se siente ese nuevo renacer porque existen muchas agrupaciones que suenan en radio, que hacen giras en Europa, que van a grandes festivales y que son fuertes en las escenas locales e internacionales, pocas veces nos hacemos la pregunta sobre cuál es la razón que nos lleva a que la música colombiana sea competitiva y que, además, de alguna manera nos recuerde a ese resurgimiento musical que vivimos quienes crecimos en la década de los noventa.

Los productores de El Chorro nos pusimos en la tarea de investigarlo y de tratar de encontrar patrones que se repitieran hoy en día y que se hayan trabajado durante los noventa por los músicos que recordamos con tanto cariño: desde Aterciopelados hasta La Pestilencia, pasando por Kraken, Estados Alterados, I.R.A., Ultrágeno y muchos otros que formaron buena parte de la banda sonora de la adolescencia y juventud de quienes hoy en día hacemos de alguna u otra forma parte de la escena musical.

De esa manera, llegamos a un trabajo creativo e investigativo que hemos llamado La Máquina. La creación de una industria y que distribuiremos en formato documental transmedia. Pero para no quedarnos sólo con un título, acá dejamos nuestras conclusiones:

Lo primero que hay que tener en cuenta es la importancia de la infraestructura que se desarrolló en la década de 1990 para la música no tropical. Por un lado, la gran cantidad de bandas emergentes y de un mercado para las mismas llevó a que las disqueras invirtieran en músicos latinoamericanos y eso permitió el crecimiento de la mayoría de agrupaciones rockeras (aunque no podemos negar que también llevó a muchas otras a la muerte).

Por otro lado, los medios y las plataformas crecieron significativamente y por iniciativa de personas independientes y de algunas empresas privadas. Se crearon canales, festivales (que van más allá de Rock al Parque) y emisoras que le dieron una voz a esta música y una forma de acceso para los jóvenes que querían escucharla.

Hoy en día esos espacios siguen siendo los principales para los artistas independientes y emergentes como lo fue Mucha Música (hoy en día el padre de muchos portales web), Radiónica (que fue la evolución de la Frecuencia Joven de la Radiodifusora Nacional), Rock al Parque y muchos otros.

Pero estos espacios no tendrían ningún sentido si no fuera por la gran acogida que tuvo esta música en la juventud de los noventa. Las letras de ese momento fueron lo que les dio la fuerza y casi que podemos compararlas con las de hoy en día por ciertas coyunturas políticas y sociales.

En ese momento la violencia que generaba el narcotráfico en las calles de las ciudades principales, la falta de oportunidad, y la insatisfacción (o incredulidad) política, crearon “una juventud con miedo”, según nos dijo el Profe Álvaro González en el documental. Esta era una juventud que “tenía muchas ganas de gritar, de poguear”, como nos dijo Alejandro Gomescasseres, guitarrista de Aterciopelados y de Ciegossordomudos, porque no encontraban otra forma para revelarse.

Eso hizo que la única manera de identificarse con el arte fuera con música que gritara lo que todos querían gritar, pero no se atrevían a hacerlo solos en sus casas. Esa influencia sobre la letra se ve claramente en bandas actuales como Los Petit Fellas, Burning Caravan, o La Sociedad de la Sombrilla.

A esta violencia de la letra tenemos que sumarle una apropiación real de los símbolos latinos que no sólo se dio en Colombia sino también en todo el continente y que, de alguna u otra manera, marcó la estrategia principal para el éxito de cualquier agrupación del momento y que hoy es referente inmediato.

Lo “kitsch” de Aterciopelados, la “Raza Furia” de Ultrágeno, la política en La Pestilencia, y muchas otras propuestas que generaban una rápida identificación con el público porque, como nos dijo Amos Piñeros, líder de Ultrágeno, “tal vez nuestra pretensión nunca fue de género”.

De igual forma, estas propuestas tuvieron que aprender desde lo independiente a funcionar en el mercado, porque si bien el sueño de muchos era entrar a una disquera, no todos lograron hacerlo y esto implicó que esas estrategias de organización tuvieran que aprenderlas de manera empírica.

Esto fue precisamente lo que permitió un crecimiento de la industria musical nacional, porque cuando nos tuvimos que enfrentar a los cambios del mundo digital, los músicos nacionales ya sabían cómo hacerlo y esto no les causó mucha dificultad, así hayan caído en cuenta un par de años después. En Colombia, sin saberlo, ya existían unas herramientas arraigadas en la cultura musical del país que nos llevó a innovar de forma más rápida y práctica. De hecho encontramos muchos músicos que no veían la piratería digital como un problema, sino como una aliada en la distribución digital.

Para terminar, lo último que logramos encontrar en esta investigación fue la manera de organización de estos proyectos. Gracias a que las nuevas tendencias se demoraban mucho en llegar a Colombia (pensemos en el grunge, en estéticas como las de Soda Stereo o Caifanes), los músicos se veían enfrentados a nuevos sonidos de forma muy repentina o sólo cuando salían del país y escuchaban otros sonidos.

Esto implicó que los cambios de tendencias ocurrieran sobre la marcha y de la manera más ágil posible, lo que llevó a que los músicos colombianos adquirieran una capacidad de adaptación muy alta, y que, por la gama de ritmos que existen en nuestro país, no se les dificultó. Así que, casi sin saberlo, esto los llevó a trabajar bajo la lógica de proyectos. Esta lógica permite que las planeaciones se den por metas a corto plazo, basados en objetivos o proyectos muy concretos y que permiten la estabilidad año tras año de cualquier propuesta, sin preocupaciones innecesarias como la identidad o planes muy lejanos, muchas veces inalcanzables.

De esta manera encontramos que los músicos colombianos han sido pioneros más allá de la música y han logrado desarrollar estrategias que hoy en día son consideradas innovadoras, pero que llevaban trabajando por mucho tiempo.

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