Diversificar proyectos musicales para vender más

Vivir de la música es un dilema que nos cuestiona constantemente, especialmente cuando otros nos preguntan por lo que hacemos: “¿Músico? ¿Y de qué vives?” (¡qué pregunta tan molesta!). La tarea para lograrlo claramente no es fácil, pero es importante buscar estrategias para vender más, no necesariamente la música de nuestro proyecto principal (pero tampoco sirviendo mesas), buscando cómo diversificar nuestra creatividad para armar un modelo de servicios más completo que permita la sostenibilidad del proyecto principal.

Inicialmente existen estrategias de diversificación ligadas directamente a la música del proyecto. La música en sí es muy diversa y permite tener muchas estrategias de venta que se desarrollan a partir de la distribución: los fonogramas con distribución física o digital, conciertos clásicos, giras en festivales y licensing para producciones audiovisuales. Pero no podemos quedarnos ahí, porque incluso llegar a cada uno de estos espacios puede requerir un esfuerzo financiero que tal vez no tenemos.

 

Una manera más efectiva es diversificar los servicios del proyecto. Buscar otro tipo de productos que podamos ofrecer alrededor de la misma música y que además ayuden a fortalecer el proyecto: ofrecer composiciones para otros músicos, para producciones audiovisuales, vender musicalización para películas, televisión y publicidad, o cualquier otra idea mucho más innovadora.

Un caso ejemplar reciente es el del Consulado Popular, que en un momento en el que estaban en una baja actividad musical, pues ya habían pasado por los festivales importantes del país y las emisoras de rock más escuchadas, se inventaron “El Circo del Cónsul”, un festival itinerante en una tarima sencilla montada en un camión que viajaría a todas las ciudades del país con bandas emergentes e independientes.

“Decidimos convertirnos en gestores culturales, más allá de ser una banda”, dice Julián Mejía en el documental del Circo del Cónsul emitido por Canal 13. Eso permitió que la banda tuviera más productos: el proyecto en sí mismo, el festival y hasta el documental.

El concepto del Consulado Popular es rebeldía, es decir las cosas como son, directas y sin miedo. El Circo mantiene ese sentido, es “el festival más pequeño del mundo”, está hecho para las bandas que están comenzando y no tienen voz en los medios ni en la industria, es un espacio que irrumpe en la tranquilidad de la calle y que cambia esa manera burocrática con la que se definen las contrataciones hoy en día.

De esa manera, se convierte en un nuevo servicio creado por la banda pero que mantiene la esencia de la misma y que, al lograr diversificar, monta más artistas en el proyecto. Incluso, en este caso particular, logró darle una nueva fuerza a la banda: “se nos creció un resto este hijo, y se nos creció la familia, se convirtió en una empresa”, dice Camilo Cruz.

Otro caso que ya lleva mucho más tiempo es el de “Classicstone Ensemble”. El proyecto empezó simplemente como una banda tributo, el show se fue agrandando poco a poco y los tributos crecieron a tres artistas clásicos del rock: The Beatles, Pink Floyd, y Queen (ya de entrada diversificaron el servicio). Poco a poco los shows se fueron fortaleciendo más, hasta que se convirtieron en un éxito regional solicitado por varios festivales especializados, universidades e instituciones.

Eso llevó a los integrantes a descubrir que su capacidad para hace cóvers podría llevarlos a enseñarles a otros sus habilidades musicales. Finalmente, la agrupación organizó una escuela de rock, la Classicstone Academy, a la que actualmente muchos niños, jóvenes y adultos entraron para aprender. El proyecto aún hoy en día es solicitado en Estados Unidos e Inglaterra y algunos lugares en Latinoamérica, pero la experiencia escénica llevó a varios de sus integrantes a montar proyectos con mucha presencia escénica, por lo cual sus integrantes hoy en día pueden ofrecer hasta tres o cuatro productos a los cuales pertenecen y diversificar su mercado para mantener una sostenibilidad económica basada en la música.

 

Con estas recomendaciones, tú también podrías diversificar tu proyecto musical:

  1. Definir capacidades o habilidades que puedan ayudar a realizar más actividades relacionadas con lo que mejor hace uno y lo que quiere hacer. Luego, evaluar esas capacidades y, en la medida de lo posible, buscar un evaluador objetivo: una persona cercana que tenga la capacidad de decir la verdad (la cruda verdad) o un especialista como un asesor o consultor.
  2. Una vez definidas estas habilidades podemos hacer una lista de posibles servicios y elegir varias de ellas. Para elegir esas actividades tenemos que darles prioridad según (1) la posibilidad de mercado que tengan, (2) el gusto que tengamos por cada una y (3) el conocimiento que tengamos sobre ella. Lo ideal sería elegir las que más puntaje tengan dentro de esta escala.
  3. Una vez definidas esas actividades, es cuestión de definir el porcentaje de tiempo que queremos dedicarle a cada una. No necesariamente le dedicaremos más tiempo a la que más plata potencialmente genere ni tampoco a la que más nos guste. Es cuestión de definir una estrategia clara de por qué le vamos a sacar cierto tiempo a cada una.
  4. Definir una estrategia para cada una: ¿cómo la voy a ofrecer?, ¿a quién la voy a ofrecer?, ¿cómo la voy a presentar?, ¿en dónde?

Muchos músicos han logrado hacerlo, no es ingeniería aeronáutica ni Excel avanzado, es cuestión de creatividad, y eso ya lo tenemos.

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