Buendía – “En el Caribe también pasa esto”: Un remolino ‘e notas

El nuevo trabajo de Buendía es el resultado de un loop. Y de un looper, un aparato que se toca y que repite todo lo que uno toca ampliando las posibilidades rítmicas para quien se arriesga a hacer música en solitario. Después de alejarse por un tiempo de la música electrónica, sonido que caracterizó a su banda Sismo, el segundo álbum de Álvaro Buendía, En el Caribe también pasa esto (2017), es un regreso más tropical al uso de la tecnología.

De la mano de su guitarra y del looper, este disco es un trabajo que él mismo ha definido como “indie folk tropical”. Es un álbum sencillo que mezcla varios ritmos. A veces es balada y a veces es champeta caribeña y explosiva. “El disco tiene mucha mezcla porque a mí me gusta la música muy diferente. Empecé tipo folk como anglosajón y después empecé a meterle la tropicalidad”.

Pero decir que lo que hace Buendía hoy es algo totalmente nuevo escondería la historia de su música. La mezcla de sonidos electrónicos con ritmos locales también hizo parte de la propuesta de Sismo, banda que fundó junto con Manuel Ignacio Díaz (más conocido como ‘Molo’) en 2004. Sismo surgió como una banda de post-rock electrónico cuando había muy pocos grupos que se arriesgaban a mezclar ritmos aparentemente incompatibles como el rock y la cumbia. En palabras de Buendía, “Sismo fue un momento de experimentación y de hacer un poco lo que uno quería, sin límites. No nos poníamos límites de ningún tipo. No nos daba miedo nada. Teníamos un montón de ilusión por la vida en general”.

Con ella sacaron dos discos: Pueblo en 2005 y La magia existe en 2009. Con este último fueron mucho más lejos y mezclaron rock experimental con sonidos locales e incluso cantos indígenas. Pero en ese momento seguía siendo muy difícil salir con una propuesta musical como esta. Había muy poca infraestructura musical y estas bandas tenían muy pocos lugares donde tocar. Buendía cuenta que normalmente tocaban en eventos distritales o se inventaban fiestas para poder compartir su música: “Nos inventamos una que se llamaba Bogotrónica”, cuenta muerto de la risa.

Además, el “peso” de la música electrónica seguía siendo difícil. Buendía no sólo tocaba el bajo y el teclado, también estaba encargado de toda la parte electrónica: “La complejidad de la electrónica en ese momento era muy difícil. Yo creo que hoy en día hasta con un iPad podría hacer un concierto, pero en ese momento nosotros íbamos con una torre y una pantalla, que era de las primeras pantallas planas, y una mesa que teníamos que poner en el escenario”.

Este contexto, sumado a los cambios personales, llevaron a Buendía a hacer un cambio extremo. En 2012 se fue a vivir a Edimburgo, Escocia, junto con Noe, su compañera de viajes, y estando allá decidió comprar una guitarra acústica. Fue la forma de alejarse de los cables y, también, la forma más fácil de llevar su música a todas partes. “Decidí empezar con la guitarra y la voz y volver a lo más básico posible. Quería tocar y viajar, entonces la guitarra funcionaba”.

Walking Slow, su primer disco en solitario es la muestra de esta desconexión. Es un EP de seis canciones en donde sólo hay guitarra y voz. De Edimburgo se fueron a vivir a España y Walking Slow es precisamente ese tránsito. Hay letras en inglés y en español, y son ellas las que cobran todo el protagonismo. El disco fue terminado en el pueblo natal de Noe, que más bien podría ser el pueblo de Buendía. Se fueron a vivir a Don Álvaro, un municipio de 700 personas que hace parte de la comunidad autónoma de Extremadura, en España. Ahí tuvo el tiempo y el espacio para desarrollar su nuevo proyecto.

Pero esos años en Europa y las estaciones (siempre las estaciones) lo llevaron otra vez a buscar la tropicalidad: “En unas vacaciones estuve en la costa Caribe y compré un MP3 de esos que venden en la calle. Se llamaba “África champeta” y claro, tenía todas las influencias que trae la champeta. Y ahí me quedé pegado a ese disco como dos años”. Y con él, también volvió la tecnología. Para poder tocar en la calle, Buendía compró un amplificador que traía un looper con el que volvió a jugar con la mezcla de sonidos. “Pasan cosas chéveres con el looper y con eso como que volví a la tecnología”.

Esa añoranza por la tierra y sus sonidos (algo que se siente a través de todo el disco) lo trajo de vuelta a Colombia. Con En el Caribe también pasa esto volvieron los sonidos locales y la música electrónica. Buendía volvió al país en 2016 y con ayuda de Molo terminaron la producción de este nuevo proyecto.

Su regreso, además, está marcado por el momento que está viviendo la música latinoamericana: “Este es el momento de Latinoamérica artísticamente hablando. En todos los géneros. Pintura, arte. Y en música está surgiendo algo muy chévere que en el mundo se está volviendo muy popular. El mundo está recibiendo estos sonidos de muy buena forma”.

El disco (que no sólo es un disco, sino que también es un diorama) tiene colaboraciones con Mario Galeano de Frente Cumbiero, María Mónica Gutiérrez de Ságan y Charles King. “En un momento hice una canción y dije ‘esta le pega en todo a Charles’. Y él: ‘Agh, este cachaco con qué va a salir’. Le mostré la canción, le gustó un montón y la grabamos de una”. Y así, para Charles, Buendía se convirtió en “El Cachaco Champetúo“.

Este nuevo disco, además, lo ha llevado a tocar acompañado. En escenarios mucho más grandes, como el Festival Estéreo Picnic, Buendía siempre toca con banda. Y esa banda son los mismos integrantes de Sismo, proyecto con el que no descarta volver a tocar. “Hay gente que todavía quiere mucho a Sismo”, dice.

Así, Buendía es un proyecto solista pero también es un proyecto que se toca en grupo. Es un sonido tranquilo, pero también es fiesta y champeta. Como dice la letra de “Desde dentro” canción inspirada en el Festival de Porros y Fandangos de San Pelayo (en Córdoba, Colombia), “es una pluma en un remolino ‘e notas”.

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