Monosóniko Champetúo y Boom Full Meke: del barrio al sonido global

“Bueno mi llave…

»Monosóniko Champetúo nace el 20 de enero de 1982 en la ciudad de Barranquilla, en el barrio La Chinita. Es un barrio al suroriente de Barranquilla. Una vez cruzas el Puente Pumarejo, viniendo de Santa Marta hacia Barranquilla, te encuentras un barrio a la derecha que se inició como una invasión. Ahí nací yo.

»El 20 de enero es una fecha inicial de pre-carnavales (es decir, de antesala al Carnaval de Barranquilla). Es un día de celebración porque también es el día de las fiestas de toros y corralejas en Sincelejo, el día del Caimán Cienaguero en Ciénaga, Magdalena… en fin, es un día de rumba, y es el día en que el Mono llegó al mundo”.

Walter Pacheco, o Monosóniko Champetúo, es uno de los más grandes entusiastas de la cultura picotera que hay en Bogotá. Coleccionista, DJ y difusor de la champeta (género principal asociado al picó, como se llaman los sistemas de sonido que se instalan en lugares públicos en la costa Caribe colombiana), el Mono (como él mismo se llama a veces) es también un productor de espíritu ecléctico que, a pesar de su conocimiento sobre la historia de la música de las verbenas, está alejado de nostalgias y explora siempre caminos musicales nuevos.

Con su proyecto Boom Full Meke, que lanza en asocio con el productor B-Clip y que en este 2017 se estrenó con su primer y poderoso EP titulado El Guchi, da vida a un sonido modernista, electrónico y a la vez profundamente enraizado en la cultura fiestera de la costa norte.

¿Quién es el Monosóniko? ¿Cómo llega este nativo de los barrios barranquilleros a la fría capital? Muy amablemente nos lo relató él mismo, y con lujo de detalles:

“Aparte de la música me he dedicado al comercio informal. No tengo estudios universitarios, llegué hasta el bachillerato. No tenía la posibilidad de estudiar en una universidad privada y tampoco fui aceptado en la pública. (…) Me radiqué en Bogotá en el año 2006. Nunca había salido de la región Caribe, sólo lo hago hasta ese momento.

»Por esos días un amigo me había mostrado música de Manu Chao (…) Entonces vine a ver a su concierto en Rock al Parque y, al llegar a la ciudad, me encuentro a algunos amigos que había recién conocido en Barranquilla. Por fortuna recibo una propuesta laboral, me quedo trabajando en la ciudad y ahí establezco una conexión con la rumba alternativa que estaba en ese momento gestándose. Comienzo entonces a estudiar la posibilidad de ejecutar una propuesta picotera en la capital”.

La relación de infancia del Mono con el mundo de la champeta y el picó lo condujeron desde niño por los laberintos de la música africana y caribeña, siempre a altos decibeles:

“Recibo esta cultura por herencia. Mi viejo era propietario de un picó en la ciudad de Barranquilla que se llamó ‘El Ciclón’. No El Ciclón original de Cartagena, sino esta versión que había en Barranquilla, una versión pequeña. Fue socio también del picó El Ministro, ahí mismo en el barrio. Durante unos ocho años aproximadamente duró ese Picó en la casa, como empresa familiar. Mi hermano fue fundador de uno de los grupos de tiradores de pique de música africana pioneros en la ciudad de Barranquilla. Con tiradores de pique, me refiero a ese estilo de grupos de danza al estilo de los beat boys o breakers”.

“Sin embargo, es sólo por allá entre 1999 y 2001, mientras conozco amigos que hacen parte de culturas como el reggae y el hip-hop, que comienzo a armar en mi cabeza un proyecto que de alguna forma mezcle nuestra cultura con elementos de esas culturas. Vi que tenían muchas similitudes en cuanto a la forma en como se desarrollaron.

»En esa época (inicios del 2000), el picó estaba conformado por un DJ que hacía el perreo, (es decir, hacer ritmos sobre las pistas con diferentes samples de sonido, a la usanza de la champeta de los años 90) y la música ya no era en vinilo sino en CD. Era música africana, remixeada en vivo, y había una personas que la colocaba mientras otro hacía el perreo.

»Adicionalmente había una tercera persona con el micrófono que era un MC, o animador. Por otro lado, el vinilo lo empleaban sólo los coleccionistas y lo ponían en estaderos. En los estaderos invitaban a un DJ picotero veteranísimo a programar su música y ahí no había intervención de micrófonos, no había perreo, ni nada de eso.

»En aquel entonces mis amigos armaban eventos, invitaban DJs a través de una organización que ellos tenían y, en asocio con la alcaldía y algunos dineros públicos, empezaron a armar festivales. Yo veía a esos DJs que traían desde el extranjero desarrollar su propuesta en vinilo y eso me parecía súper interesante. Comencé a adquirir vinilos, a ver la posibilidad de comprar tornamesas Technics 1200, viendo como ellos trabajaban. Y empecé a estudiar esas cualidades que tenían esas tornamesas, por qué debía utilizarlas, cuál era el uso del micrófono… Entonces decido que debo hacer una propuesta en la cual yo pueda, solo, ejecutar el asunto musical, el asunto del perreo y a explorar la voz como un MC”.

(Video de Sara Skolnick).

Armado del mencionado Technics 1200, un mixer, un micrófono y la popular organeta casio SK5 (que muchos tuvimos en la infancia y que se convirtió en la herramienta preferida para el sampleo y el perreo en la costa norte colombiana), el Monosóniko puso a andar este formato de un solo integrante en el que se echa al hombro todas las funciones del picó que conoció en su adolescencia.

“Sólo lo ejecuto cuando llego a Bogotá porque veo jóvenes que están interesados en esta cultura, pero que no la conocen bien”, afirma. “Nuestra cultura está bien adentro en los barrios, y hace parte de un mundo que no fue visibilizado”.

La apuesta del Monosóniko surtió efecto. Entre 2006 y la actualidad se ha presentado en tarimas como la del Jammin’ Fest, Sierra Mar Fest, Colombia al Parque, y el Tolouse DubClub 13 en Francia, así como en diferentes entregas de premios y showcases en mercados internacionales. Sin embargo, la estadía en Bogotá lo enfrentó a influencias musicales distintas que se materializaron posteriormente en Boom Full Meke, su nueva jugada como productor:

“Durante mi estadía en Bogotá, mis influencias musicales fueron totalmente diferentes. Estaba desarrollando una propuesta picotera en una capital donde se estaban gestando nuevas propuestas musicales alternativas, de música fusión que comulgaba entre la tradición y lo electrónico.

»Entonces comienzo nuevamente a plantearme preguntas acerca de qué hacer, cómo hacerlo, y comienzo a encontrar esas mismas analogías que hice con el hip-hop y el reggae, pero en estos años actuales. Descubro los paralelos de mi cultura con géneros modernos como el kuduro electrónico de Buraka Som Sistema, la música que se hace en las favelas de Brasil, la Changa Tuki de Venezuela y en fin, la evolución contemporánea de lo que estaba ocurriendo con esas músicas barriales.

»Comenzamos junto a B-Clip a estudiar esos fenómenos y, basados en eso comenzamos a crear lo que imaginábamos como el futuro del sonido picotero para las nuevas generaciones. Nos influencian también muchos estilos contemporáneos más afines al global bass: Moonbathon, trap… en fin , esos bajos estaban pegando chévere y parecía como si incluirlos fuera también necesario para nuestro género sin que perdiera su esencia”.

En efecto, la palabra “meke” hace referencia al golpe de los bajos sobre los parlantes y los cuerpos. Basta con escuchar la canción “Suena” de su EP debut, por ejemplo, para sentir estas frecuencias graves en toda su extensión.

Además de aparatos clásicos de la champeta de los 90, como la Casio SK5 o las baterías electrónicas Yamaha DD65 o DD14, la necesidad de presentar el formato a dúo impulsa a ambos músicos a proponer un nuevo set que se ajuste a la sonoridad contemporánea del proyecto.

“En el formato en vivo utilizamos estaciones de samplers como la Maschine de Native instruments y el controlador midi inalámbrico Numark Orbit”. Decidieron, también, utilizar diversos vocoders que agudizan o hacen más graves las voces y ayudan a dar vida a dos personajes que aparecen constantemente en su música (como por ejemplo en la Intro de su EP). La presencia del software Ableton Live es determinante tanto para los procesos de grabación como de reproducción en vivo de su música.

Monosóniko ve su trabajo como una extensión de un proceso natural de expansión e interconexión de la champeta con músicas globales. “Yo creo que es un fenómeno inevitable el que la champeta comulgue con los ritmos contemporáneos que son tendencia en el mundo. Eso se ve ahora mismo en la champeta que se está produciendo y en artistas como Mr. Black, Koffe el Kafetero, Young F, Kevin Flórez, etc. (…) También hay propuestas descentralizándose del picó. Eso se nota en el caso de grupos como Bazurto All Stars, que es una banda que no nació del picó, como han nacido el 95% de las producciones de champeta. Basándonos en este ejemplo, creería yo que el formato de banda puede ser una línea que tome la champeta”.

Para Monosóniko, estas uniones con los géneros del mainstream, sin embargo, no afectarán el carácter radicalmente independiente del género. “El futuro del género, para fortuna mía, no depende de la radio comercial, ni de la televisión, ni de ningunos premios nacionales e internacionales (…) Depende de su relación con el picó y de que siga siendo una posibilidad para seguir creando música electrónica en el caribe colombiano”.

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